Ese rectángulo
el que tenía orillas blancas de cal,
las que alguna vez fueron de aserrín,
la que en verano
cambiábamos por un viaje al campo,
por un río
o recibimientos que con el tiempo
se fueron haciendo mezquinos,
la cancha, la de mi viejo barrio,
está abandonada.
Ese amado lugar
que guarda historias y batallas
se olvidó del bullicio del fin de semana,
del camarín al aire libre al costado del piduco,
de las tardes de lluvia donde solo los valientes
hacían frente con un cabezazo a los pesados balones de
cuero,
donde el partido
quedaba en pausa en señal de respeto
cuando por la calle pasaba un cortejo fúnebre,
sin importar quien fuera, literal y metafóricamente
el balón se detenía.
Este lugar, donde a veces
faltaban árbitros, pero no jugadores,
donde adorné mis rodillas con cicatrices,
donde no perdonábamos ni semana santa,
hoy parece un jubilado triste,
un paño descolorido,
una esponja que hoy se seca
y se lleva las memorias
de los pilares viejos.
Hoy, los niños de mi viejo barrio
prefieren otros rectángulos.
(Poema de Guillermo Sotgar)
que bueno que volvió poeta, tantos recuerdos cuando se era niño, en la cancha de tierra, saludos
ResponderEliminarmil gracias, un abrazo
Eliminarbravo bravo!
ResponderEliminarsaludos
EliminarEste poema es un golazo
ResponderEliminarmuchas gracias
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